Banca Tradicional

La inclusión financiera se ha transformado sin duda en un tema relevante en los últimos años, ya que a pesar de los diversos avances en esta materia, todavía existe una gran parte de la población que tiene dificultades para acceder a la banca tradicional.

Según el «Informe de Inclusión Financiera en Chile 2019» elaborado en base a información de CMF y Registro Civil, el 97% de los chilenos tiene acceso a algún tipo de producto financiero, pero sólo un tercio de ellos (32%) dispone simultáneamente de más de uno, como créditos de consumo o hipotecarios.

Los resultados muestran que si bien ha existido una evolución y desarrollo hacia la inclusión en estas materias, aún quedan muchos desafíos por resolver y estos tienen tienen justamente con la gran cantidad de personas que aún no cuentan con acceso a productos y servicios financieros.

Los 5 grupos con mayor exclusión financiera

Al contrario de lo que podríamos pensar, los sectores menos ingresos no han sido los únicos que han tenido que enfrentar las barreras de acceso a la industria financiera.

Existen otros grupos excluidos que por distintas condiciones han sido dejados a un lado por banca tradicional, personas que hoy buscan manejar su dinero y acceder a soluciones financieras sin complicaciones.

1. Mujeres

Las principales causas radican en roles de género, la jerarquía en que se les asocia, la brecha de ingresos o la falta de los mismos.

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Las responsabilidades domésticas y familiares, entre muchas otras, han repercutido en que las mujeres sean apreciadas como grupo de mayor riesgo para la banca tradicional, disponiendo de menos garantías para acceder a créditos, que en caso de otorgarse, se asignan en montos pequeños y altas tasas de interés.

Los hombres por su parte registran cifras de acceso mucho mayores, lo que afecta gravemente  el empoderamiento y la autonomía económica de las mujeres, poniendo limitaciones a su desarrollo profesional y personal.

2. Trabajadores independientes

Esta categoría hace referencia específicamente a las micro, pequeñas y medianas empresas, además de los emprendedores informales.

Una de las muestras de su exclusión está en las condiciones para acceder a productos bancarios, por ejemplo el tiempo de antigüedad de una empresa o la regularidad de los ingresos.

La informalidad representaría una de las razones fundamentales de la baja inclusión financiera, que como consecuencia, también limita la productividad o la disminución de sus ingresos, al no poder encontrar financiamiento para solventar los gastos de sus negocios.

3. Adultos mayores

La población chilena está envejeciendo de manera acelerada, por lo que se hace necesario encontrar soluciones que sean compatible con las condiciones de este grupo etario.

Entre estas, alivianar su carga económica, fomentar el aprendizaje de habilidades digitales y financieras, entregar soluciones fáciles, expeditas, sencillas y flexibles.

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Los adultos mayores de 60 años son comúnmente asociados a segmentos socioeconómicos de menor ingreso, con bajas pensiones, lo que evidentemente no les permite cumplir con las condiciones requeridas por la banca tradicional para acceder a productos y servicios financieros.

4. Personas con alto endeudamiento

En Chile el endeudamiento es una amenaza para gran parte de la población, con un récord histórico en 2019 de 74,5% de endeudamiento.

La pandemia del Covid-19 y la incertidumbre económica mundial ha contribuido en gran medida a esta situación.

Para el mercado, el comportamiento de este grupo de personas se presenta como una limitante para acceder a productos y servicios de la banca.

Una solución para su superación sería la implementación de programas de educación financiera además del acceso a otros ecosistemas financieros no tradicionales.

5. Migrantes

El flujo migratorio ha aumentado considerablemente en los últimos años, con un gran número de personas provenientes de distintos países de Latinoamérica como Venezuela que han buscado ingresar al sistema financiero local y -para esto- deben tener un estatus migratorio regular.

Los modelos de entidades tradicionales consideran a este grupo como riesgoso, por su situación inicial de asentamiento e inexistencia de memoria bancaria o historial crediticio en el país.

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