Por María Laura Sabatini
Directora de Impacto de Sistema B Chile

Un escenario de incertidumbre económica global es una buena oportunidad para reflexionar respecto del rol que juegan las empresas en el ecosistema social.

Organizaciones triple impacto

Durante años primó el paradigma de éxito basado en la mera rentabilidad económica. Esa premisa ya está obsoleta, pues la sociedad entendió la importancia de considerar el impacto medioambiental y social tanto en las estrategias, como en las operaciones y objetivos de cualquier negocio. Es decir, la mirada de Triple Impacto.

Sistema B comenzó hace poco más de 10 años a trabajar en América Latina con el objetivo de construir una nueva economía, donde el éxito no sólo se mida en términos financieros, sino también por el impacto positivo y bienestar que se genera en las personas y en el planeta.

A la fecha, contamos con más de 1,000 empresas B certificadas en la zona que facturan más de US$31 billones y emplean a más de 135 mil personas. En la región, Chile destaca por ser el país con más empresas B per cápita.

Incorporar el Triple Impacto en la estrategia y operaciones permite que las empresas aseguren su sostenibilidad en el futuro.

El enfoque tradicional, centrado únicamente en la rentabilidad económica a corto plazo, puede generar impactos negativos en la sociedad y el medio ambiente, tema que hoy repercute en la reputación de la marca, en las relaciones con los clientes y en las partes interesadas, así como en la viabilidad financiera de la empresa.

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Considerar el Triple Impacto ayuda a las empresas a identificar y gestionar los riesgos asociados con aspectos sociales y ambientales.

Esto incluye materias legales, regulatorias y de cumplimiento, así como otros relacionados con la reputación y la responsabilidad social.

La consideración de estos riesgos permite a las compañías anticiparse a posibles problemas y tomar medidas preventivas para evitarlos o mitigarlos.

Es un hecho que, cada vez más, los consumidores valoran y eligen aquellos que operan de manera responsable y sostenible.

Al adoptar prácticas empresariales que abordan los aspectos sociales y ambientales, los negocios pueden diferenciarse en el mercado y atraer a consumidores conscientes, que buscan productos y servicios que estén alineados con sus valores.

Además, muchas organizaciones y entidades gubernamentales priorizan las compras y alianzas con empresas sostenibles, lo que puede abrir oportunidades de negocio.

Es más, de acuerdo al estudio “¿Cuál es el rol de las marcas en los tiempos de hoy?” de Better Brands y Pacto Global Red Chile, un 30% de los encuestados están dispuestos a pagar más por un bien o servicio vinculado a una marca que tenga impacto positivo.

Las empresas que demuestran un compromiso genuino con la responsabilidad social y ambiental atraen a clientes leales, retienen talento y generan confianza y respeto en la sociedad.

Una buena reputación puede marcar la diferencia en un entorno empresarial cada vez más competitivo y contribuir al éxito a largo plazo.

La consideración del Triple Impacto no sólo es éticamente responsable, sino que brinda beneficios económicos, sociales y ambientales a las empresas.

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Al equilibrar estas tres dimensiones, éstas pueden construir un negocio sostenible, fortalecer su reputación y contribuir al desarrollo de una sociedad más justa y un medio ambiente más saludable.

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