Esta variación del horario que ocurre dos veces al año -se atrasa una hora en otoño, se adelanta una en primavera- puede producir muchas veces un desajuste funcional.

Cambio de hora Chile

La normativa actual, vigente desde 2019 establece:

El cambio de horario de invierno empezará a contar del primer sábado de abril y se extenderá hasta las 00:00 horas del primer sábado de septiembre, cuando los relojes se atrasarán en 60 minutos.

Por lo tanto, este 2022 la hora se modificará el sábado 2 de abril a las 23:59, retrasándose en 60 minutos, lo que en términos técnicos nos hará quedar en el uso horario GMT -4.

Orígenes del horario de verano e invierno

El principal motivo histórico de los cambios de hora en Chile ha sido el ahorro de energía, puesto que al retardar el anochecer durante el verano era posible consumir menos electricidad, algo crucial en épocas de sequía.

Sin embargo, el origen de la idea surgió por una cuestión de productividad.

Al menos así lo consigna la revista National Geographic, que demuestra que el precursor de esta política fue Benjamin Franklin en 1784, cuando era el embajador de Estados Unidos en Francia.

En ese entonces Franklin envió una carta al diario parisino The Journal, proponiendo varias medidas para ahorrar energía y escribió un tratado llamado «Proyecto Económico Para Disminuir los Costos de Luz».

Al levantarse a las seis de la mañana y ver el sol brillando tras la ventana, pensó que se perdían muchas horas de luz, mientras que por las tardes la gente tenía que encender muchas velas para poder seguir trabajando en la oscuridad.

Primera implementación en Estados Unidos

Pero no fue hasta 1916 que se realizó el primer cambio de hora oficial en Estados Unidos, esta vez con el objetivo de ahorrar combustible.

Dos años después el cambio de hora se convirtió en una ley federal para aquellos estados que decidieron respetarlo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense obligó a todos los estados a establecer el horario de verano para ahorrar recursos y energía.

Hoy esos motivos ya no tienen tanta fuerza. Según el IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía en España), actualmente ese país ahorra apenas un 5% de energía con el cambio horario.

Por eso en Chile la comunidad científica está enfocada en encontrar e impulsar otras políticas públicas que contribuyan al ahorro energético, y no seguir realizando anualmente esta modificación que trae más inconvenientes que beneficios a la salud de las personas.

Repercusiones en el ciclo del sueño

El cambio de hora es algo que se hace en diversas partes del mundo. Según Alex Espinoza, neurólogo del Centro de Cefalea de RedSalud, las distintas poblaciones lo toleran bien.

Una de las consecuencias más negativas, de acuerdo a John Ewer, neurocientífico de la U. de Valparaíso:

El número de ataques al corazón aumenta entre un 5 y un 10% los lunes y martes posteriores al cambio de horario de verano, que últimamente se realiza en septiembre.

Pablo Guzmán, neurólogo y director médico de Clínica Somno asegura:

Habitualmente, en algunas personas se puede producir somnolencia o desfase de los tiempos de sueño, pero la adaptación suele ser rápida; demora más o menos una a dos semanas.

Entre los efectos que genera este cambio en el dormir menciona al cansancio, cambio de humor y ánimo.

¿Es mejor el horario de invierno?

Según plantean ambos especialistas, este cambio no será tan brusco como el que ocurre en primavera, ya que en el horario de invierno agregamos una hora más de sueño.

Como el sol saldrá más temprano -si hoy lo hizo a las 07:45, el 2 de abril lo hará a las 06:50, aproximadamente-, habrá más luz en la mañana y «el cerebro se ordenará mejor”, dice Espinoza.

A diferencia de la percepción general de la ciudadanía, es mucho mejor este horario, porque si nos mantuviéramos en el de verano durante los meses fríos, tendríamos inicios del día mucho más oscuros, lo que confunde al reloj biológico y dificulta el despertar del cuerpo.

A pesar de esto, no son pocos los que se ven complicados con la modificación, ya sea porque los ataca el sueño más temprano -el atardecer comenzará pasadas las 6 de la tarde- o porque el amanecer no coincide con su hora de despertar.

Consejos para una rápida adaptación

Para esas personas, hay algunas medidas que se pueden tomar para llevar bien la transición.

En primer lugar, Espinoza sugiere:

Preparse al menos una semana antes del cambio de hora y comenzar a adelantar algunos procesos, como levantarse un poco más temprano cada día, adelantar también quizás actividades como el almuerzo o la comida, y así disminuir el impacto”. De esta manera, dice, “el cerebro se adaptará mejor al nuevo horario.

Como segunda recomendación indica:

En este período también conviene tener contacto con el sol, idealmente una hora al día, tomando por supuesto las precauciones como el uso de protector solar, lentes e hidratación. El contacto con el sol favorece que el cerebro pueda manejar de mejor manera el concepto de día y de noche; así se acentúan las diferencias entre ambos períodos y se fomenta la conciliación del sueño.

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Higiene del sueño

Dormir es una de las actividades más relevantes del ser humano, tanto como respirar o comer, menciona el neurólogo de Red Salud.

Mientras lo hacemos se reparan tejidos, se consolida la memoria, hay una regulación cardiovascular y todo un proceso de regeneración celular. Tener un deterioro del sueño puede acarrear consecuencias muy graves.

Además ayuda mucho realizar actividad física unas tres veces a la semana, por al menos una media hora cada vez. Eso libera serotonina, que también funciona como precursora del sueño.

Algo que puede ayudar en ese difícil momento es un buen despertador. No uno que haga un ruido infernal sino todo lo contrario, un reloj que suavemente nos ayude a incorporarnos.

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